Basura Cero, una misión imposible

Basura cero, una misión imposible
Por César Rodríguez

Recientemente se presentó en la legislatura porteña un proyecto de ley de basura cero, y hay otros legisladores preparando otro más general, sobre gestión integral de residuos, que también plantea el mismo concepto, de acuerdo con una conocida ONG ambientalista y promovida mediante una importante campaña publicitaria.

El verdadero problema es qué hacer con la basura. La gestión de residuos, desde que se conformaron los centros urbanos, siempre comenzó con un proceso de recolección, y poco a poco se fueron utilizando procesos para sacar la basura y llevarla lo más lejos posible de los domicilios y también de las ciudades. Al principio se la depositó en los ríos, se la quemó en diversos parajes o, simplemente, se la arrojó en algún descampado, lo que fue dando lugar a la formación de basurales.

Los basurales ocasionan un verdadero deterioro para el medio ambiente por su incidencia negativa en el suelo, el aire y las aguas subterráneas, haciendo peligrar la salud de la población a través de una numerosa cantidad de enfermedades que han llegado a provocar epidemias y hasta la muerte de muchos habitantes en nuestro país y en el mundo entero.

La humanidad convivió con éste y con otros problemas referidos a la salud y al medio ambiente hasta la primera mitad del siglo pasado, cuando el desarrollo de la ciencia y la tecnología permitieron alcanzar los conocimientos para tomar conciencia de algunos efectos negativos derivados de las acciones humanas.

Con el crecimiento de las ciudades y de la generación de basura, esta creciente conciencia ambiental provocó que se buscaran las formas de terminar con los basurales. Así surgió, por medio de la ingeniería, el desarrollo del relleno sanitario. El primero se comenzó a desarrollar y a operar en 1930, en Fresno, California.

A diferencia de un basural, la técnica del relleno sanitario consiste, fundamentalmente, en la colocación de una capa de aislación en el fondo de un módulo excavado, con terraplenes perimetrales, antes de que se comiencen a disponer los residuos, para impedir la filtración de los líquidos que se producen naturalmente en el proceso de descomposición, sumados a la lluvia (llamados \”lixiviados\”) hacia el medio que lo rodea. Así, no pueden afectar las napas subterráneas.

Además, se captan estos líquidos para su tratamiento, se colocan tubos para la captación de los gases generados y se cubre el suelo periódicamente para evitar, en lo posible, olores y proliferación de insectos. También se instala un cercado perimetral. Se controla a los roedores, se hacen pozos para monitorear las aguas subterráneas y estudios de impacto ambiental. Además, hay un período de mantenimiento de más de 20 años posteriores al cierre. Como puede advertirse, la diferencia entre un relleno sanitario y un basural es enorme.

Con el paso del tiempo, en el mundo comenzaron a desarrollarse conceptos tendientes a una gestión integral en materia de residuos. Esa gestión incluye la minimización, el reciclado y la incineración sin emisión de gases tóxicos. Estos procesos son favorables, pero es preciso destacar que no pueden reemplazar la disposición final mediante relleno sanitario, sino que deben ser complementarios, porque de otro modo, luego de los procesos de minimización y tratamiento, se terminaría arrojando lo que resta a los basurales.

Algunas organizaciones no gubernamentales se equivocan al copiar, en los que no lo son, las soluciones y cursos de acción en los países ya desarrollados. En éstos, hace mucho que se utiliza la técnica del relleno sanitario de manera extendida y generalizada, y no existen ya basurales.

Pero en nuestros países las acciones de estas ONG, al atacar la instalación de rellenos sanitarios, terminan por anteponer los sistemas de tratamiento a lo que verdaderamente produce el mayor daño ambiental y sanitario, una actitud que las coloca, objetivamente, como cómplices del arrojo de los residuos en basurales.

La diferencia entre lo que sucede, por ejemplo, en Estados Unidos y en nuestro país no es menor, ya que los norteamericanos llegaron a tener en 1988 nada menos que 7924 rellenos sanitarios, lo que indica la inexistencia de basurales (fuente: Environmental Protection Agency, Municipal Solid Waste in the United States: 2001 Facts and Figures ). En la Argentina, en ese mismo año teníamos sólo los cuatro rellenos manejados por Ceamse. La mayoría de las ciudades de nuestro país arrojaba sus residuos en basurales.

Basura cero es imposible. En algunos países altamente desarrollados, y luego de más de 25 años de campañas educativas, se han alcanzado niveles de recuperación de entre el 20 y el 35%, y todos los elementos que no son aptos, incluyendo las cenizas de la incineración, se disponen en rellenos. No es verdad que se puedan reducir los residuos mediante reciclaje en más de un 30 por ciento, ni aun después de 30 o 40 años de educación ambiental.

Por eso, además de mentirle a la gente haciéndole creer que se puede llegar a lograr esa basura cero, se dedican a hacer campañas para que la gente, a la que desinforman, termine por no aceptar la instalación de otros rellenos en zonas más alejadas y menos habitadas del área metropolitana. Allí se podrían disponer los residuos, incluyendo los de la ciudad de Buenos Aires. Si se viera que algún relleno sanitario es contaminante, la solución correcta sería advertir a sus operadores para que procedan correctamente antes que atacar el concepto, que es, técnicamente, el más apto.

Sin embargo, se omite decir que de esta manera, luego de los procesos de minimización y tratamiento -que, por supuesto, son un objetivo por alcanzar-, los vecinos vamos a tener que soportar las consecuencias de convivir con los basurales. Tratar de que la basura llegue a cero no es, como se pretende, un objetivo deseable a largo plazo: es mentir con un objetivo imposible, porque la basura resulta de la actividad humana. ¿Qué vendrá luego? ¿Cloacas cero? Dejo a la creatividad del lector la posibilidad de imaginarlo.

El autor es economista y se ha especializado en temas de medio ambiente.

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