El aumento de salarios

Ahora que se está por reunir el Consejo del salario y aunque no queden claros los objetivos ni los alcances, podemos analizar algunos temas básicos. Lo primero a tener en cuenta es que los salarios reales quedaron por el piso luego de la devaluación y esto es algo que no admite discusión alguna, por lo que sería justa una recomposición salarial. Lo que hay que separar es lo que es socialmente justo de lo que es económicamente posible.
También hay que separar en el análisis lo que significa en los salarios estatales de lo que pasa con los privados, sobre los cuales el Estado en principio no tendría que intervenir. Aún así, resulta previsible que lo haga, dado el alto nivel de intervención estatal actual, al menos para provocar una suba en los salarios mínimos. En términos generales, sin embargo, y como es sabido, el único aumento de salarios que sirve es sobre los salarios reales, o sea la suba en el poder adquisitivo de los mismos.

 
Los aumentos nominales de salarios quedan expuestos a lo que sucede con los aumentos de precios, como ya pudimos notar costosamente en épocas de inflación e hiperinflación. Si los aumentos de salarios son trasladados por las empresas a los precios, aún en el caso de que sean algunas empresas, el aumento nominal se “esteriliza” y sólo queda la tapa de los diarios como testigo de la propaganda del Gobierno por haberlos impulsado. En caso de trasladarse a los precios y producir inflación, el Gobierno ya ha dado numerosas muestras de saber manejar a los medios para que las empresas aparezcan como las culpables, en lugar de repercutir en la opinión pública como el resultado de una incorrecta medida de gobierno.

 
Pero la única manera de hacer crecer los salarios reales es mediante un aumento de la productividad, situación que se produce cuando se agregan porciones crecientes de mayor tecnología a los procesos productivos, que determinan una mayor producción de bienes y servicios en la misma unidad de tiempo por parte del trabajador. Hay empresas favorecidas con la devaluación, como las exportadoras y las que sustituyen importaciones, que lo pueden hacer, pero para otras empresas puede resultar de imposible cumplimiento, por lo que el mecanismo debería ser de paritarias por sector y por empresa, donde se discutan los mecanismos que permitan mejoras en la productividad. Sin embargo, hay que tener en cuenta que casi la mitad de los trabajadores están en el mercado informal de la economía, y no recibirían aumento alguno, siendo los sectores más desprotegidos y más necesitados…dentro de los que tienen trabajo.

 
En el sector público la cosa es diferente porque los aumentos no se basan en la productividad. Los gobiernos serios lo hacen en consonancia con los salarios privados, y según tengan políticas de atracción o de desaliento al pase de un sector al otro. Cuando no son serios, la medida de los aumentos depende de la caja y del grado de populismo. Seguramente a alguien se le puede ocurrir que en lugar de llamarlo populismo se le puede decir sensibilidad social. Que expliquen entonces cómo se llama a la descomunal baja en los ingresos reales del sector asalariado producida por la devaluación, que además provocada por un gobierno peronista, en contradicción con su doctrina de justicia social.

 
Esa devaluación es parte de lo que permite tener ahora superávit (la caja de la que hablamos), y tiene varios motivos: por un lado, el aumento en la recaudación de impuestos provocado por el aumento de precios, por otro lado por las retenciones a las exportaciones, también incrementadas por los precios internacionales de los commodities, y finalmente por el default, ya que al no pagar las obligaciones de los intereses de la deuda queda un superávit mayor.

 
En definitiva, y aunque no se sepa aún los alcances que tendrá el resultado del Consejo del salario, podemos decir que no hay dudas de la necesidad de una mejora en los salarios, pero que la metodología sin embargo debería ser a través de un fuerte aumento de la productividad, que se logra por la incorporación de capital en el proceso productivo, y que las inversiones sólo se producirán cuando exista la seguridad jurídica que hoy está muy cuestionada, y se produzca la reinserción de Argentina en el mundo. Dicho de otro modo, un país en serio…pero en serio!

Dr. César Rodríguez
Economista
Director Departamento de Investigaciones Económicas

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