El voto electrónico

Lo sucedido en las elecciones del 14 de Agosto de 2003 para elegir autoridades de la Ciudad de Buenos Aires se constituye en el mejor argumento para quienes hemos venido bregando por la institución del voto electrónico.La complejidad del proceso electoral capitalino, con la oferta de decenas de listas y la conformación de las boletas que en las sábanas incluyeron hasta tres listas diferentes para las diversas categorías de cargos a elegir, demuestra que la emisión del voto por medio de boletas de papel se ha tornado un sistema obsoleto, imposible de manejar por las autoridades de mesa, imposible de entender por los electores e imposible de escrutar por los fiscales.

La propuesta de un mismo candidato con diferentes listas de legisladores y de un mismo candidato en diferentes listas aporta un nivel de complejidad tal que ha generado errores de todo tipo tanto en los comicios, generando caos en el cuarto oscuro, como en los escrutinios, distorsionando en muchos casos el sentido del voto emitido por el ciudadano.

Un relevamiento in situ realizado por Fundacion Bicentenario en diversas escuelas donde se votaba en esta Capital, así como el relato de las experiencias de fiscales generales de diferentes partidos, permite corroborar dos escenarios separados pero yuxtapuestos:

Las autoridades de mesa

En la inmensa mayoría de los casos los ciudadanos elegidos al azar para ser autoridades adolecen de serias carencias, que los convierten en inagotables fuentes de problemas y errores del proceso electoral. Algunos de estos son:
1) Escasa voluntad de participación, retrasando la apertura de mesas o directamente ausentándose de las mismas (lo que obliga a la fuerza publica a reclutar votantes aun mas inexpertos y desmotivados como autoridades necesarias)
2) Desconocimiento del proceso electoral en marcha (categorías a elegir)
3) Desconocimiento de los elementos de la gestión (cantidad de boletas en cada categoría, necesidad que las mismas se encuentren en su totalidad, etc.)
4) Desconocimiento de las formalidades (Actas de apertura y cierre, reglamento electoral, tratamiento a los fiscales de partidos, modo de firma de sobres, etc.)
5) Desconocimiento de las categorías de voto (diferencia entre voto en blanco, anulado, recurrido, impugnado, cantado, emitido, emitido valido, etc.)

A la hora de escrutar estas falencias se magnifican, con el agravante que los errores distorsionan, a veces en forma irreparable, la voluntad popular expresada en el comicio. Por ejemplo, mesas que cierran horas más tarde de terminado el comicio, aceptación impropia de diferencias entre votos emitidos y votos contados, anulación errónea de votos o aceptación de votos no validos, son algunos de los problemas observados.

No son ajenos a todo el proceso los fiscales de partidos, quienes merced a su preparación especifica y experiencia técnica y ante la inexperiencia y errores de los fiscales de mesa terminan desempeñando roles no correspondientes, como el de contar y anotar votos u otras tareas que se prestan a confusión y fraude.

Las boletas

En esta elección los votantes tuvieron a su disposición 33 para Diputados Nacionales, 31 para Jefe y Vicejefe de Gobierno, 38 para Diputados de la Ciudad. Esto siempre y cuando el desconocimiento de las autoridades de mesa y las picardías de fiscales y votantes no eliminaran algunas, mezclaran otras o las dispusieran en forma confusa. Así, una persona que entra al cuarto oscuro sin una decisión absolutamente firme y un conocimiento exacto de lo que quiere hacer se encuentra ante un panorama complejo.

Había listas que son idénticas entre si y en las que solo cambia la categoría de Diputados de la Ciudad, listas en las que solo hay una categoría, listas que llevan a un mismo candidato a Jefe de Gobierno pero diferentes Diputados Nacionales y de la Ciudad, etc..

Aun con autoridades de mesa conocedoras de como contar adecuadamente cada categoría de voto, eliminando los votos no validos (lo que sabemos no es así) con esta distribución de boletas y categorías no se puede esperar sino una ya distorsionada voluntad del elector, que termina votando cualquier boleta que lleve el nombre del candidato a Jefe de Gobierno que le agrada.

En resumen, una absurda dispersión de boletas, cargos y categorías, fiscales de mesa inexpertos o desmotivados y fiscales de partido hábiles resultan una combinación que termina desnaturalizando el comicio, donde en ultima instancia todo es objetable y opinable y se aparta del genuino y sano ejercicio derecho de expresión de la voluntad popular.

Porque el voto electrónico?

A primera vista, podría suponerse que el voto electrónico consiste, simplemente, en colocar una pantalla ante el elector, suministrarle información acerca de las categorías, partidos y candidatos y pedirle la selección de unos u otros. Este costado, llamémosle operativo, elimina de un plumazo los problemas con los fiscales de todo orden, garantiza la elección correcta por parte del elector y crea un mecanismo de escrutinio infalible, absolutamente rápido y eficaz.

En realidad, el voto electrónico es la primera puerta a algo que es mucho más que un comicio limpio, seguro y rápido. Es parte de un proceso novedoso de concebir la acción pública, agilizar los procesos, facilitar el acceso a la información, reducir costos.

 

Esta nueva forma de interacción permite mejorar la gestión pública, ya que se pueden tomar decisiones más precisas, brindar mejores servicios, con mayor control ciudadano. Las áreas de acción son infinitas, desde el análisis del avance de una licitación hasta el monitoreo de la gestión de un funcionario.

 

En este marco el voto electrónico es una herramienta más, que reconoce ventajas inmediatas:
• Elimina las confusiones
• Dificulta el clientelismo político
• Elimina prácticamente el trabajo humano en las elecciones
• Agiliza el comicio y el escrutinio
• Pone a todos los ciudadanos ante una tecnología poderosa y los familiariza con ella

 

Como desventaja se puede citar la posibilidad de fraude informático. Esta cuestión será eliminada en la medida que los procesos se hagan bajo la fiscalización de unos pocos “fiscales informáticos” que pueden proveer los partidos, los que supervisaran el proceso de principio a fin.
Seguramente algunos verán en esta tecnología algo adaptado a las necesidades de países avanzados, ya hasta consideren un malgasto de recursos su implementación. Si bien es cierto que existen enormes brechas tecnológicas y de acceso a la información, no menos cierto es que la tecnología es capital invertido y en acción productiva, y que no implementar nuevas tecnologías es incrementar el atraso, la improductividad y, en suma, la pobreza.

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