Estudio sobre la economía argentina

El Nobel de economía Finn Kydland y el argentino Carlos Zarazaga y su estudio sobre la economía argentina.

Hemos tenido el privilegio en Argentina de que estos destacados economistas se dedicaran a estudiar el caso argentino, y tanto la explicación de su metodología como sus conclusiones están expresadas en un trabajo titulado “La década perdida de argentina de 1980 y su recuperación posterior.” El hecho de haber tenido yo también el privilegio de tener una breve pero rica charla con ambos es lo que me lleva a escribir estas líneas.
Las conclusiones, sin embargo, son realmente desalentadoras. Sus experimentos, utilizando un modelo de crecimiento neoclásico que toma la productividad total de los factores como exógena genera trayectorias que se acercan sorprendentemente a las reales para la “década perdida de 1980”.

 
Pero el mismo modelo, aplicado a la década del ´90, resulta notable porque predice un crecimiento y una acumulación de capital superior a la que efectivamente ocurrió, demostrando que en 1997, que es cuando realizaron el trabajo, el acervo de capital debería haber sido todavía un 15% mayor que al principio de la década.

 
Dicen los autores que el aspecto más desconcertante es “porqué la productividad total de los factores cayó a un promedio del 3%… durante toda la década del ´80, y porqué se recuperó tan espectacularmente a tasas promedio anuales del 7% en la expansión posterior de la década del 90.”

 

Dicho de otro modo, la incógnita es cómo puede ser que el modelo neoclásico explique acertadamente y pueda predecir la etapa de depresión, pero resulte ineficaz para el período de crecimiento “con una economía más abierta y menos regulada… en la década de 1990”.
La explicación a este dilema surge a la vista: lo que hizo que no se creciera más en los ´90 fue el temor de los inversores a posibles incumplimientos de contratos, debido a que la historia argentina hasta 1990 inclusive demostraba que esto había pasado antes, y era muy posible que volviera a suceder.
Esta “memoria” de los inversores no sólo es la explicación de las restricciones a un mayor crecimiento en los 90, sino que es un llamado de atención para lo que puede pasar en el futuro, teniendo en cuenta que la situación empeoró – y mucho – después de fines de 2001, con el default , la mayor quita de la deuda en la historia, y el resto de las medidas que ya retroalimentan una mayor “memoria” de inseguridad para los mercados y los inversores. Es desolador pensar esto porque entonces, para terminar con una memoria en contra se necesitan muchísimos años de “buena conducta” que nos va a costar mucho mantener.

 

César Rodríguez
Economista

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