La ley de convertibilidad no estaba agotada

Se acostumbra a cometer el error de adjudicarle a la Ley de Convertibilidad un objetivo de impulso o de manejo del comercio exterior, y esto no es correcto. Evidentemente la Ley fijaba un tipo de cambio nominal, originalmente de un dólar igual a 10.000 australes, pero se olvida que el principal objetivo era un ataque frontal a la hiperinflación que nos abrumaba en esos momentos.

 
Qué decía la Ley 23.928:
• 1 dólar = 10.000 australes (modificado el 1ro de enero 1.992)
• El BCRA queda obligado a vender dólares a ese valor, retirando del mercado los pesos correspondientes para no aumentar el dinero en circulación.
• En todo tiempo las reservas internacionales (libremente disponibles) deberán ser equivalentes al menos al 100% de la base monetaria, constituida por la circulación monetaria más los depósitos a la vista en cuentas corrientes y cuentas especiales de instituciones financieras en el BCRA.
• Las Reservas internacionales no están sujetas a embargo de ningún tipo.
• Queda prohibido todo tipo de indexación, aún en caso de resolución judicial, en cuyo caso se aplicará sólo hasta la fecha de vigencia de la Ley.

 

El motivo era impedir que el exceso de Gasto Público sobre los ingresos del Estado (déficit fiscal), que fue siempre en Argentina el causante de los principales inconvenientes económicos, no fuera financiado con emisión monetaria, causando así inflación.
Al atar la emisión de moneda (base monetaria) a la cantidad de Reservas, que la respaldaban, se le ponía un corset al Gasto, bajo el supuesto de que, si se producía déficit por cualquier motivo (si disminuía la recaudación, por ejemplo), se debía recurrir a bajar el gasto reconociendo que nos habíamos empobrecido, pero no emitir moneda espúrea.
El resultado fue que, luego de un corto período de “inflación residual”, ésta se redujo de manera abrupta y se mantuvo así durante casi ocho años, incluso con períodos de deflación. Esto demuestra que fue una herramienta valiosa y exitosa para frenar el flagelo de la inflación.
Es bueno aclarar, por otro lado, que lejos de ser una receta del FMI, fue lo contrario. Lo que el Fondo quería era que se pudiera recurrir a las Reservas en el caso de no poder pagar los intereses de la deuda, y por eso, contradiciendo al Fondo, se declararon inembargables.

 
No hay que confundir esta posición con decir que todo andaba bien y no había que modificar nada. De esta manera, al frenar la emisión, se combatió el aumento de precios, la inflación, que es el impuesto más regresivo porque afecta más a los sectores de ingresos fijos. Pero lo que aumentó fue la deuda. Si bien no aumentó como proporción del PBI, y además gran parte del aumento de la deuda fue por blanqueo de deuda interna heredada del gobierno del Dr. Alfonsín (la de los jubilados), de todos modos se produjo un aumento superior a lo deseado (en el año 2000 eran 122.000 millones de dólares, y ahora son cerca de 180.000).
La conclusión entonces es que lo que estaba agotado a fines del gobierno del Dr. De la Rúa no era la convertibilidad sino el nivel de gasto público, que se hizo incompatible con las restricciones impuestas por la Convertibilidad. Es más, se podría decir que en lugar de destruirla habría que haberla completado, y así como se impidió emitir sin respaldo, se debería haber prohibido o al menos restringido contraer deuda para financiar el Gasto.
Queda pendiente el tema del tipo de cambio, pero aún admitiendo que se hubiera producido un retraso en el tipo de cambio real, incluso por la revalorización del dólar, se podía arreglar modificando la paridad que se establecía, digamos un dólar = 1.20 pesos, pero sin modificar el resto de la Ley.

 
El resultado fue una devaluación sin precedentes que empobreció al pueblo, y para peor no generó el famoso aumento de las exportaciones, aunque sí importantes ingresos en pesos para los exportadores y principalmente para el Gobierno vía retenciones, que de esta manera pudo seguir sin bajar el Gasto, y aún aumentarlo. El sistema de tipo de cambio convertible puede discutirse si se trata de mantenerlo en el tiempo, pero para sacarlo sólo se puede hacer teniendo gobiernos que demuestren ser serios y que respeten una disciplina fiscal.

 
Dr. César Rodríguez
Economista

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